Juan España. Bitácora de lo íntimo // entrevista revista masto-donte




En las fotografías de Juan España se aprecia una pulcra distancia entre el objetivo y el autor. Dicha distancia pareciera no congelar lo que toca la cámara –la aspiración en bruto de la fotografía–, sino permitirle un movimiento lento, apenas perceptible, como parte de una historia contándose. Un cierto anhelo cinematográfico, sobre todo cuando los objetos fotografiados pasan por los entornos urbanos, los cuartos cerrados, los seres humanos. El autor se entromete en su propia fotografía, como una trampa, y transforma el mundo formal de manera que le sea útil. No sólo se trata de contemplar, sino de buscar la manera personal en que vemos el mundo. Diría el propio España.No fotografío una realidad. No la recreo. Se trata de intentar controlarla, permitir el error, acomodar los objetos, la luz, para crear una realidad que no estaba ahí.
Una realidad buscada. Juan España recurre al viaje con ese pretexto, pero entonces no lleva con él la actitud del retratista del mundo, no parece buscar un archivo de las imágenes que todos deberíamos ver, sino de las imágenes que él quiso hallar, en el corto trecho entre él y lo que ve, como una bitácora de lo íntimo, aunque ésta nos incluya como espectadores. Al viaje también le acompaña una transformación sobre el concepto que el fotógrafo tiene de sí mismo. Antes me consideraba un testigo de la realidad. Ahora creo que uno es parte de esa escena que mira, y termina por completarla. En ese sentido me gusta mirarme más como pintor que como fotógrafo. Al menos eso quisiera.
El viaje supone, de manera natural, un cambio, pero para Juan España no es necesariamente eso, y prefiere sortear el lugar común: Creo que es difícil separar al hombre de su obra –un reflejo de lo que es, lo que fue, lo que quisiera ser. Es verdad cuando se dice que el artista pinta siempre el mismo cuadro toda su vida, su autorretrato. En el fondo, no podemos crear nada que no conocemos. Podrá uno cambiar todo el tiempo de lugar, de locación, pero la premisa, esa obsesión, siempre lo sigue a uno a donde va.
